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¿Por qué cambian tanto los guardias de la caseta?

Turnos de doce o veinticuatro horas, sueldo bajo, reglas que viven en la cabeza de cada quien y nadie que diga «vas bien». Qué puede hacer la privada, con datos y fuentes.

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En corto

Los guardias cambian porque el trabajo está hecho para que cambien: jornadas de doce o veinticuatro horas, un sueldo que ronda los siete mil quinientos pesos al mes y reglas que nadie escribió. La privada no fija el sueldo, pero sí decide tres cosas: que lo que la casa dijo quede escrito, que el relevo no empiece de cero y que el guardia nuevo sepa qué hacer en veinte minutos.

Un lunes hay un guardia nuevo en la caseta. Nadie lo presentó, no conoce a las casas ni sus reglas, y el que se fue se llevó en la cabeza todo lo que había aprendido. A los dos meses, otro. Casi todas las privadas conocen la escena, y casi todas la viven como mala suerte. No lo es: el trabajo de la caseta está armado para que la gente se vaya. Aquí están los datos, lo que la evidencia dice sobre quedarse y qué sí puede hacer una privada.

¿Cuántos son y cómo trabajan?

Según la encuesta de empleo del INEGI, tal como la publica la Secretaría de Economía, en el primer trimestre de 2026 había en México unas ochocientas cuarenta y nueve mil personas trabajando como vigilantes y guardias en establecimientos. Trabajan en promedio cincuenta y siete horas a la semana, tienen cuarenta y cuatro años, estudiaron diez, y ganan alrededor de siete mil seiscientos pesos al mes. Casi uno de cada cinco trabaja sin seguro. En Puebla son cerca de treinta mil ochocientos, y la proporción sin seguro es la más alta del país: treinta y ocho por ciento (Data México, ENOE 2026-T1).

Las jornadas son el otro dato. Un estudio publicado en 2025 sobre guardias de colonias privadas y fraccionamientos encontró turnos de doce por doce y de veinticuatro por veinticuatro en la mayoría de las empresas, y que el setenta y tres por ciento de los guardias tiene como mucho la secundaria (Zamora y Hernández, Observatorio del Desarrollo n.º 40, 2025). Cuando la pantalla de la caseta exige leer un menú de veinte opciones a las tres de la mañana, está pidiendo algo que ese turno no da.

¿Por qué se van?

Porque casi nada los invita a quedarse. El mismo estudio reporta que la mayoría de las empresas encuestadas tienen empleados con menos de seis meses de antigüedad, y lo llama por su nombre: alta rotación. La asociación de las empresas grandes del gremio hablaba ya en 2018 de una rotación anual del ochenta por ciento, por los sueldos bajos y las jornadas largas (MIT Sloan Management Review México, 2018); es la cifra de un directivo, no de una encuesta, pero nadie en el gremio la discute.

El sueldo y las horas los pone la empresa, y la privada los paga en la mensualidad. Pero hay una parte del problema que sí vive en la caseta, y que ninguna de esas cifras mide: el guardia decide a ciegas. Un coche espera, la casa no contesta, el cuaderno dice una cosa y el vecino otra. Si deja pasar, se equivocó; si no deja pasar, también. Y al cambiar el turno, todo lo que aprendió se va con él. Nadie aguanta mucho tiempo un trabajo donde cada decisión puede ser una queja y ninguna es un acierto.

¿Qué dice la evidencia sobre quedarse?

Lo que más se ha medido sobre esto viene de Gallup, que lleva décadas midiendo el compromiso de la gente con su trabajo. Su medición empieza con una sola frase: «Sé qué se espera de mí en el trabajo». En su análisis más reciente, sobre más de ciento ochenta mil equipos, los equipos más comprometidos tienen veintiún por ciento menos rotación en organizaciones donde la gente ya se va mucho, y la mitad de rotación en las demás (Gallup, Q12 Meta-Analysis, 2024). Y sobre el reconocimiento: quien no se siente reconocido tiene el doble de probabilidad de decir que renunciará en el año, y sólo uno de cada tres trabajadores dice haber recibido un reconocimiento en la última semana (Gallup). Son datos de trabajadores en general, la mayoría en Estados Unidos; no hay un estudio igual sobre casetas en México. Pero las dos palancas que señalan, saber qué se espera de ti y que alguien note cuando lo haces bien, son precisamente las dos que una privada controla sin tocar la nómina de nadie.

¿Qué puede hacer la privada?

No puede subir el sueldo del guardia ni acortar su turno: eso es de la empresa, y la privada lo negocia en el contrato. Lo que sí puede, desde la asamblea:

  1. Escribir las reglas. Qué abre la pluma, cómo pasan las visitas, qué se revisa y a quién se le avisa, en el acta y a la vista en la caseta. Una regla que vive en la cabeza del guardia anterior se va con él.
  2. Que lo que dijo la casa quede escrito. Si la casa mandó el pase, la decisión fue de la casa. El guardia deja de ser el que «dejó pasar».
  3. Un relevo que no empiece de cero. Quién sigue adentro, qué paquetes esperan y qué pasó, entregado al que entra.
  4. Presentarlo. Su nombre en un aviso a las casas el día que llega, y que los vecinos lo saluden por su nombre. Suena poco; es exactamente lo que miden los estudios.
  5. Decirle que va bien. En sus primeras semanas, un «gracias» de una casa vale más que una queja menos.
  6. Las quejas, a la empresa. El guardia no es el patrón de nadie ni el empleado de la privada: quien lo dirige y lo evalúa es la empresa que lo contrató. Discutirlo en la ventanilla a las once de la noche no arregla nada y lo empuja a irse.
  7. Pedirle a la empresa lo que la ley le pide. La ley de seguridad privada de Puebla obliga a las empresas a capacitar continuamente a su personal operativo y a que cada guardia traiga su cédula de identificación (Ley de Seguridad Privada del Estado de Puebla). Esa capacitación es de la empresa; la de las reglas de tu privada, en cambio, sólo tu privada la puede dar.

Cómo lo hace Luzpass

Así está pensada la caseta de Luzpass para que las siete cosas de arriba no dependan de la buena voluntad de nadie. La pantalla le dice al guardia qué hacer: la placa o el nombre en grande, lo que dijo la casa y un toque para abrir, con las reglas que la asamblea escribió. Si la casa mandó el pase, el pase está ahí con su hora. El relevo se arma solo con la bitácora, y el que sale lo entrega al que entra. El día que llega un guardia nuevo, cada casa ve su nombre y, si él quiere, su foto y un video de dieciocho segundos donde se presenta; en sus primeras semanas, las casas pueden darle las gracias y decir que va bien, y eso lo lee él primero y su empresa, nunca como un puntaje a la vista de los vecinos. Antes de su primer turno practica veinte minutos con coches de ejemplo en la misma tableta. Esa práctica no sustituye la capacitación que la ley le pide a la empresa: es la parte que sólo la privada puede dar, la de sus propias reglas.

La tableta es de la caseta y la cuenta es de la privada, así que el guardia no pone su teléfono ni su número. El Consejo ve la bitácora de su entrada, como siempre; dirigir y evaluar a los guardias sigue siendo de su empresa. Cada uno de estos módulos lo prende o lo apaga cada privada.

Luzpass se está construyendo en Puebla y ninguna privada lo usa todavía. Lo que ve el guardia está en la caseta, y lo que cambia para la empresa que lo contrató, en la página para empresas de seguridad.

Preguntas frecuentes

¿Luzpass califica a los guardias?

No. Si la privada prende el módulo, las casas pueden darle las gracias al guardia y, en sus primeras semanas, decir que va bien o qué le falta. Eso lo lee él primero y su empresa. No hay un puntaje público ni una lista de guardias ordenada por calificación.

¿La práctica de veinte minutos cuenta como la capacitación que pide la ley?

No. La ley de Puebla le pide a la empresa de seguridad capacitar continuamente a su personal, y eso sigue siendo de la empresa. Los veinte minutos son para las reglas de esa privada y su pantalla, que ninguna empresa puede enseñar por adelantado.

¿El Consejo puede ver las faltas de los guardias?

El Consejo ve la bitácora de su entrada: qué turnos se abrieron y cerraron en su tableta, y qué pasó en cada uno. Quién faltó, quién suplió y qué hacer con eso es de la empresa de seguridad, que es el patrón del guardia.

¿Por qué la pantalla va en una tableta y no en el teléfono del guardia?

Porque el teléfono es suyo, se queda sin batería, gasta sus datos y se va con él al terminar el turno. La tableta se queda en la caseta con una cuenta de la privada, y el que entra la encuentra lista.